En un artículo anterior, os hablaba del voto de lealtad familiar que tantos quebraderos de cabeza puede darnos a lo largo de toda la vida. Ahora quiero hablaros de otro voto diferente a este, el llamado “voto de rebelión o de rebeldía”.
Os decía, que el voto de lealtad es inconsciente y atiende a nuestra necesidad de sentirnos aceptados por nuestro clan familiar y que siempre prevalece, por encima de cualquier cosa, en mayor o menor grado.
El voto de rebeldía se diferencia del voto de lealtad en que este es un voto absolutamente consciente y visceral y suele ser producto de la rabia contra la familia, por los motivos que sean.
Alguien que está en rebeldía es la persona que dice, por ejemplo: “¡Nunca seré como vosotros!”, “¡Yo jamas haré esto!”. Y “esto” siempre esta relacionado con un desgarrador dolor interno por sentir que tu familia te ha traicionado, porque sientes que no se han esforzado lo suficiente, porque no tuviste la atención y el afecto que necesitabas, porque te sientes incomprendido, apartado, rechazado, porque piensas que es necesario un cambio pero nadie te escucha, etc…
El problema del voto de rebeldía es que, para llevar a cabo el “desplante” ante la familia, acabamos fastidiados nosotros, porque nos resta libertad a la hora de actuar y experimentar lo que queremos realmente. Juramos que no vamos a ser o a hacer algo que, después, la vida nos va a poner delante y ahí salta el conflicto: te desdices y claudicas o sigues en tus trece… porque parece que tu familia estuviera de brazos cruzados, mirando, para ver qué haces y decirte eso de… “¡Cabezota, menos mal que te bajas del burro! ¿Ves como al final eso era lo mejor para ti? “ y frases similares, que son como una bofetada en la cara del rebelde.
Lo que suele suceder cuando se dan estos dos votos, (no olvidemos que el voto de lealtad está en todos nosotros y que tiene mucho peso), es que el rebelde se esfuerza al máximo en su vida para conseguir más que su familia, para llegar mucho más lejos, trabaja sin descanso para demostrar que puede arreglárselas solo, que no necesita a los suyos y que incluso le va mejor sin ellos.
Puede que llegue a ser una persona de éxito y consiga grandes metas pero, de repente, cuando siente que ya ha llegado donde quería, cuando piensa que ha traspasado la frontera del paradigma familiar, el voto de lealtad opera a nivel inconsciente y se lleva por delante todo lo que había logrado, dejándole como al principio. A veces, dejándole en la ruina (económica, emocional…).
Cuando se dice internamente que lo ha logrado es cuando cae y sí, puede remontar y empezar de nuevo, pero el resultado final siempre será el mismo, hasta que dicho voto se resuelva.
De la forma que sea, ambos votos nos atan, porque no nos permiten ser nosotros mismos. Existe un límite marcado por esos mandatos y, en el momento en que lo cruzamos, ocurren mil cosas para que volvamos al patrón de nuestra familia de origen.
El ejemplo típico de este tipo de voto es la persona llamada “la oveja negra”. El renegado, el incomprendido. Aquel que va por libre estableciendo sus propias reglas, desobedeciendo a la autoridad familiar.
Es importante liberarse de este voto, sí, pero también es oportuno tener en cuenta que estas personas son, en realidad, los buscadores de caminos de liberación para el árbol genealógico.
Bajo el paraguas filosófico de las Constelaciones Familiares, estas personas tienen un inmenso valor. Aquellos que no se adaptan a las normas o tradiciones de su clan, aquellos que desde pequeños buscan constantemente revolucionar las creencias, yendo en contra de los caminos marcados por las tradiciones familiares, aquellos criticados, juzgados e incluso rechazados. Esos, por lo general, son los llamados a liberar el árbol de historias repetitivas que frustran a generaciones enteras.
Las “ovejas negras”, los que no se adaptan, cumplen un papel básico dentro de cada sistema familiar. Esas son las personas que reparan, desintoxican y crean una nueva rama en su árbol genealógico. Y es que esa rebeldía, a veces, es como la tierra fértil necesaria para que puedan sembrarse mejores semillas.
Incontables deseos reprimidos, sueños no realizados, talentos frustrados de nuestros ancestros, se manifiestan en la rebeldía de esas personas, buscando realizarse.
La familia, por inercia y por desconocimiento de cómo opera la energía entre los recovecos del clan, querrá seguir manteniendo el curso castrador y tóxico de su historia, lo cual, hace la tarea de nuestras ovejas una labor difícil y conflictiva.
Sin embargo, sin ellas, los sueños no realizados de quienes sostienen el árbol generaciones atrás, morirían enterrados bajo sus propias raíces.
La buena noticia es que el voto de rebeldía, al ser consciente, se puede trabajar y resolver. ¿Cómo saber cuándo nos hemos liberado de él? Cuando podemos reconocer que tenemos la libertad de elegir lo que queremos hacer, incluso si le parece bien a nuestra familia, y eso, ya no nos afecta emocionalmente. Es como firmar el armisticio desde el alma, o algo parecido. Ese es el primer indicio de que el asunto se ha resuelto, para nosotros mismos, y puede que para todo nuestro Sistema Familiar.
Como anécdota, os cuento que yo he tenido ese voto de rebeldía durante muchos años de mi vida. Estuve enfadada con mis padres, pero también con otros miembros de mi familia, hasta que fui realmente consciente de cuál era mi papel dentro de mi clan y “porqué yo”. Ahí fue cuando pude relajarme, profundizar, tomar mi lugar y resolver mi voto.
Así que, por experiencia propia, como muchas otras veces, os animo a mirar si os reconocéis en este patrón. Estaréis haciendo mucho por vosotros mismos, pero también estaréis haciendo un enorme favor a vuestros ancestros, esos que ya no están aquí, pero nos siguen mirando y nos siguen amando desde el otro lado del velo.
La primera foto es de Unsplash.
En la segunda foto podéis ver a algunos integrantes de mi Árbol Genealógico, a los que bendigo y agradezco cada día, por haberme transmitido la vida y mis valores. A pesar de que no estuviéramos de acuerdo en todo, soy quien soy gracias a ellos, y eso es algo que procuro no olvidar.