Hacer una pausa y tomar una respiración antes de actuar impulsivamente ante una situación que no nos gusta, puede cambiar su desenlace. Todos hemos tenido la experiencia de reaccionar de una manera que no era ideal al escuchar malas noticias, al ser criticados injustamente o cuando nos han dicho algo inapropiado. Es normal, a nadie le gusta escuchar determinadas cosas y además, cuando nuestras emociones se activan, tienden a abarcarnos por completo, inhibiendo nuestra capacidad de hacer una pausa antes de hablar. Es posible que necesitemos liberar la tensión expresándonos de alguna manera, ya sea gritándole a quien nos grita o haciendo llegar palabras de consuelo a quien nos parece necesitarlo. Sin embargo, es importante que recordemos hacer una pausa, respirar profundamente y pensarlo un momento antes de responder de forma automática o desmedida a las situaciones que pueden surgir en nuestra vida.
Por un lado, nuestra respuesta inicial puede llegar a ser reactiva y esto no siempre es lo mejor para nosotros ni para el resto de personas involucradas. Reaccionar a un enfado con más enfado solo aumentará la negatividad de la situación, lo que nos lleva a adentrarnos en una dinámica poco deseable. Cuando reaccionamos y nos ponemos a la defensiva, a menudo terminamos lamentándonos por nuestras palabras o acciones. Podemos ahorrarnos mucho dolor si respiramos profundamente y sintonizamos con nosotros mismos y con la otra persona antes de responder. Esto no significa que no digamos nada aunque, en algunos casos, esa puede ser la mejor opción.
Algunas situaciones requieren una respuesta bastante inmediata, pero dedicar un momento a centrarnos internamente antes de hacerlo, puede ayudar mucho a que el desenlace de la situación sea el mejor de los posibles. La próxima vez que tengas ganas de reaccionar, intenta hacer una pausa y respira profundamente, siente tus pies anclados al suelo y escucha la respuesta que surja en tu interior, en lugar de simplemente ir al ataque con lo primero que aparezca en tu cabeza. En ese momento, verás que existe la posibilidad de ir más allá de la reacción y pasar a dar una respuesta más sutil e imaginativa, posibilitando que suceda algo nuevo que reconduzca una situación que, a priori, podría haberte amargado el día.
Un cambio en la perspectiva, en el comportamiento o en la respuesta también puede hacer mucho para ayudarnos a superar los problemas que tenemos pendientes de resolver.
La adversidad es algo cotidiano en la experiencia humana, luchamos contra nosotros mismos o contra el mundo exterior y, en muchos casos, salimos fortalecidos y mejor preparados para encarar el siguiente asalto, si hemos completado el aprendizaje que nos traía esa experiencia, pero, a veces, nos encontramos ante pruebas que parecen insuperables, presentamos batalla con toda nuestra fuerza y perseverancia, esperando lograr un cambio y, al final, llegamos al mismo resultado de siempre.
Puede que pensemos que la solución a un nuevo fracaso es empujar más fuerte contra lo que parece un inamovible pedrusco en nuestro camino, pero, casi todas las veces, mantenernos inflexibles y obcecados nos lleva a obtener los mismos resultados una y otra vez. Cuando esto nos ocurre, un cambio de perspectiva, un cambio en nuestro comportamiento o en la forma en que respondemos, puede ayudarnos a superar las circunstancias que tenemos en nuestras vidas y que suponen una enorme dificultad para avanzar hacia lo que queremos en el fondo de nuestro corazón.
Tanto si somos nosotros quienes queremos cambiar, como si queremos modificar algo de nuestra realidad exterior, no podemos quedarnos en el hecho de desear el cambio y esperar que suceda sin más. Si nuestros pensamientos y nuestros comportamientos son los de siempre, seguiremos vibrando en la misma frecuencia energética y, por tanto, nuestras vidas seguirán el patrón que se ajusta a la información de esa frecuencia, volviendo a darnos otra vuelta de tuerca, mostrándonos de nuevo la misma película de siempre.
Para superar las dificultades y salir de esta especie de rueda, solo hay una alternativa: ir hacia nuestro interior y examinarnos detenidamente. Cuando la vida nos lleva hasta el límite, no es razonable seguir pensando que tenemos razón y que es el mundo el que está contra nosotros. De nada nos va a servir mantenernos enrocados en un estado de cerrazón y esperar que el entorno cambie, porque no lo hará. Si queremos ver cambios fuera, hemos de transformar lo que hay en nuestro interior, que es lo que nos está ocasionando tanto daño.
Casi todos ya sabemos que el mundo exterior es solo un reflejo de nuestro mundo interno, que la realidad que vivimos no es más que una representación de nuestra verdad más profunda. Si no nos gusta nuestro mundo o nuestra vida, hay que hacer algo más que sentarse a esperar. Comprendo, porque lo he sentido, que el miedo nos paraliza al principio, porque no queremos defraudarnos a nosotros mismos, porque nos da pavor ver qué hay detrás de tanta máscara como nos hemos puesto pero, pasado ese miedo inicial, la verdad no duele tanto si podemos soltar la rigidez y vernos como lo que somos: niños jugando en el mejor y más hermoso parque de atracciones del universo conocido.
Estoy convencida de que todos somos valientes cuando tenemos claro el objetivo, y es esa valentía la que nos permite analizar las decisiones que hemos tomado hasta ahora y empezar a cambiarlas si es preciso. Cuestionarnos, llegar a conclusiones y ajustar lo necesario en nuestra forma de pensar y de actuar, nos ayuda a distinguir qué nos funciona y qué no. Para dejar atrás la maraña de patrones inconscientes que han influido en nuestros actos desde siempre, es muy posible que tengamos que cuestionarnos hasta lo más elemental. Es conveniente rendirse y aceptar que nuestras creencias fallan o son erróneas y que la ley universal de causa y efecto puede estar intentado hacernos ver que, si no recibimos los efectos que queremos, es porque las causas que emitimos no son las adecuadas.
El estancamiento es a menudo una señal de que hay grandes cambios en el horizonte y, personalmente, creo que ni al universo ni a la vida en general, les gusta recrear el pasado, porque su naturaleza es la expansión hacia delante y la experimentación de lo nuevo. Perdamos el miedo a lo que nos ocurrió ayer, porque no nos volverá a suceder si hemos aprendido la lección y, por favor, no olvidemos nunca que únicamente un cambio puede generar otro cambio.
Los resultados que deseamos están en el ámbito de lo posible, lo único que necesitamos es bajarnos de la rueda y empezar a caminar por el terreno que se nos ponga por delante y que seguro nos llevará hacia un horizonte con puesta de sol, porque la vida nunca deja tirado a nadie que actúa desde la verdad de su corazón.
2 comentarios
Excelente! Mil gracias por tu magnífico aporte.
Muchísimas gracias, Marcela. Me ha hecho mucha ilusión tu comentario. Un abrazo.