Muy a menudo tendemos a pensar en la fortaleza como en una cualidad que surge de la firme determinación y de la voluntad de triunfar, sin importar el coste o el desequilibrio que pueda conllevar y sin tener en cuenta que, mostrar la fortaleza desde una supuesta invulnerabilidad es solo una pose, no es auténtico ni real.
Sé, porque me ocurrió en cierto momento de mi vida, que muchas mujeres hemos tenido que asumir papeles de corte masculino para tener éxito en nuestras profesiones y, aunque podríamos pensar que una mujer fuerte se define de esta manera, creo que lo que realmente hace que una mujer se sienta segura es su capacidad para escuchar su verdadero ser y poder recurrir a su sabiduría femenina ante cualquier situación. Una mujer no necesita actuar como un hombre para ser eficaz en lo que hace, solo necesita ponerse en contacto consigo misma para demostrar verdaderamente la profundidad de su fuerza.
Escuchar nuestro lado femenino puede parecer algo complicado, ya que este tipo de energía es algo que a menudo se pasa por alto en muchos aspectos de nuestra ajetreada vida cotidiana. Sin embargo, si podemos conectarnos y bucear hacia esta parte de lo que somos, encontraremos que, de nuestro interior, mana una fuente ilimitada de fuerza que está ahí, disponible para nosotros.
Vivimos un momento crucial en el que es más necesario que nunca desarrollar nuestra capacidad, aprovechar nuestra intuición y escuchar a nuestros guías internos, para tener en cuenta las necesidades de quienes nos rodean y para ver nuestra vida con compasión y amor. Esas son formas en las que podemos mostrarle al mundo el auténtico poder de nuestra naturaleza femenina. Cuando aprendamos a integrar esta fuente de fortaleza en nuestras tareas diarias y en la toma de decisiones, veremos que podemos ser más flexibles y abiertos a las cosas que ocurren a nuestro alrededor.
La esencia de lo femenino es suave y amorosa, es flexible, le gusta abrazar, dar calor y cuidar pero también es comunicativa, fuerte y segura, decidida e integradora y cada una de esas características es un tesoro, una fuente de poder en sí misma, para nada incompatible con el desarrollo de nuestra vida personal ni el desempeño de las más altas responsabilidades en nuestra vida profesional.
Si tenemos la valentía de conectar con esta parte de nuestra esencia, no solo veremos el mundo bajo una luz diferente, sino que comenzaremos a darnos cuenta del potencial de esta forma de energía para impulsarnos a nosotros mismos y a quienes nos rodean. Existe una dimensión en lo femenino, en su mayoría pasada por alto, discreta y absolutamente esencial: La fuerza femenina sagrada y carismática, que reside en todos y cada uno de nosotros. No creo que la revolución de las mujeres se pueda nutrir únicamente del hecho de salir a la calle con pancarta y puño en alto un determinado día del año para protestar. Con permiso de la audiencia, eso es viejo, es lo que se viene haciendo desde siempre y es un proceso de lentos resultados, cuando los hay. Necesitamos más, necesitamos conectar con nuestra ancestral sabiduría femenina y que esta lo empape todo, lo atraviese todo, lo abarque todo.
Nuestro estado natural como mujeres debería ser un estado de gracia, autoridad propia, abundancia y poder exquisito, sin embargo, casi todas nosotras sufrimos demasiado, trabajamos demasiado para encontrar fuera algo que reside innatamente en nuestra esencia femenina: la abundancia, la creación.
La mayoría de nosotras perdemos nuestro poder personal todos los días. Los motivos suelen ser la falta de confianza, el conformarnos con menos de lo que merecemos, la culpa por tener una carrera profesional versus la atención a la familia, el exceso de preocupaciones y/o responsabilidades, el autosabotaje, las relaciones personales complicadas y muchas cosas más.
Creo firmemente en la necesidad de sacar a la luz la sagrada esencia de lo femenino, dejando atrás la necesidad de disgregar, de separar o de creer que es algo inherente a un solo sexo. No conozco a nadie que no haya tenido madre y es imprescindible reconocer y honrar el hecho de que las mujeres somos las intermediarias entre los diferentes universos y realidades, somos la única forma posible de venir a este planeta, pero la energía femenina y masculina están en todos nosotros y necesitamos aunar las diferentes formas de entender la vida y el mundo desde el mutuo reconocimiento y la madurez.
El cambio de mentalidad con respecto a derechos y roles pasa por la integración de esta silente e intangible fuerza femenina que no es patrimonio de nadie, pero sí es un derecho de todos.
2 comentarios
Sencillamente genial, una sabia opinion, certera y universal, alejada de intereses y ruidos condicionados.
Jo, muchas gracias, JTC. Anímate a escribir algo. Tú tampoco lo haces mal… Un besico.