Un tesoro entre los dedos.

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Una buena parte de mi trabajo se centra en establecer conexiones con los mundos y cuerpos sutiles, para facilitar que las personas que se acercan a mi consulta puedan ver con claridad qué es lo que les provoca realmente su sintomatología y, desde la toma de conciencia que eso implica, puedan iniciar su proceso de sanación.

Cualquier tipo de trabajo en los planos sutiles que afecte al humano requiere después de una continuidad en la materia. Esto quiere decir que, sin la implicación directa de la persona en sus procesos, sin trabajo personal que atornille al suelo lo que podemos trabajar en otras dimensiones, todo se evapora y, con el tiempo, se vuelve a caer de nuevo en la vieja historia de siempre.

Es importante tener en cuenta que nunca podremos resolver nada por el trabajo de otros. Nuestros procesos son nuestros y nos corresponde, desde la responsabilidad y el compromiso que adquirimos con nosotros mismos antes de encarnar, participar directa y activamente en su resolución.  

La ayuda de fuera es valiosa, imprescindible, porque la mayoría de las veces no somos capaces de ver de dónde parten nuestros temas pendientes. La saturación mental y emocional nos impide ver la salida. Eso no quiere decir que tengamos que depender de otros o ir de la mano de alguien el resto de nuestra vida. A veces, la ayuda puntual en el momento preciso es todo lo que necesitamos para recargar pilas y ponernos manos a la obra por nosotros mismos, pero es importante decidirse a hacerlo ya, porque el tiempo que estamos perdiendo es el nuestro, es nuestra propia vida y llega un momento en el que ya no se puede seguir pidiendo prórroga.  

Recordad que solo la luz es capaz de alumbrar la sombra hasta disolverla. Solo reconociendo nuestra parte más luminosa y haciendo pie en ella, podremos iluminar nuestra oscuridad. No hay nada que pueda esconderse a la luz.

Todos llevamos dentro el potencial de un sol y no es casualidad que el que tenemos en nuestro sistema solar nos dé calor, nos ilumine y nos dé vida. Esas también son capacidades propias del ser humano, para consigo mismo y para con los demás. Tenemos ese poder y es importante que, desde la humildad y el amor, empecemos a ser conscientes de ello, aunque sea algo de lo que parece que da miedo hablar para que no nos tomen por soberbios o pedantes. Ya vale de tonterías. O nos ponemos a trabajar desde lo mejor que somos, desde la fuerza de nuestro corazón, o nos volvemos a marchar del planeta con la sensación de que se nos escapó un tesoro entre los dedos…, otra vez.

Como digo, los humanos tenemos un montón de superpoderes de los que nos hemos ido olvidando con el paso de los siglos, hemos tenido grandes maestros, por ejemplo, los egipcios y los esenios, pero sus conocimientos y su sabiduría apenas son conocidos y considerados en la actualidad y aún así, funcionan.

Sería bueno empezar a preguntarse quién se beneficia de nuestra ignorancia, por qué no se nos educa desde pequeños para desarrollar y canalizar nuestras altas capacidades, para enseñarnos a sacar lo mejor de nosotros mismos, lo mejor para nuestro entorno y para el planeta entero, porque esas capacidades están en todos, son parte de nuestra naturaleza y están ahí esperando ser descubiertas y usadas en beneficio de la humanidad.  

No se trata de magia, ni de superchería, ni de pseudociencia, ni de tontadas por el estilo. A ver si nos damos cuenta de que esa es otra maniobra para distraernos de lo importante.

Foto: Rosa García.

3 comentarios

  1. Gracias Rosa, siempre aportas la serenidad suficiente para hacer un paròn en nuestras ajetreadas
    vidas y concedernos un minuto para pensar en lo que verdaderamente importa y que olvidamos con tanta facilidad.

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