Estaba sentada frente a la chimenea, reflexionando sobre el momento que estoy viviendo, cuando me ha asaltado la idea que da título a este artículo. Acabo de cerrar un ciclo muy importante que ha durado siete años repletos de experiencias de muy diversos colores y, de nuevo, salto al vacío dispuesta a encarar un nuevo capitulo de mi historia, pero esta vez es diferente, pues siento que ese teórico “vacío” ya no me da miedo, porque ya nos conocemos de otras veces y en su defensa diré que, hasta el momento, siempre me ha llevado a lugares donde había algo que aprender, algo que superar, algo que decidir en base a qué quiero en mi vida y qué no, en base a cómo quiero vivir, desde la conciencia de totalidad, desde la responsabilidad hacia mi propósito vital y desde el amor incondicional a mí misma y al mundo.
La verdad es que no sé qué me espera, pero me da igual, porque mi curiosidad es mayor que la incertidumbre y sé que la paz que siento en mi corazón me mantiene a salvo y me hace encarar las cosas desde un lugar donde todo es perfecto tal como es. Y es que, al final, he conseguido hacer ese ejercicio de rendición ante la vida a partir del cual, ya no necesitas controlar nada, a partir del cual, te pones cada vez más “blandita” – como dice mi querida amiga Marta – en el sentido de no tensarme más, de no dejar que la mente vuelva a ganarle el pulso al corazón y vuelva a instalarse la necesidad de saber qué va a pasar mañana. Eso es vivir en el centro del huracán que es la incertidumbre, eso es dejarme llevar por la vida desde la libertad más absoluta que he sentido jamás.
Durante este momento de reflexión, me ha quedado claro algo que ya sabía: que la necesidad de control nace del miedo y que si lo encaro y lo trasciendo, me encontraré cada vez más cerca de mí misma y de mi más alto bien.
La vida está deseando que confiemos en ella, tiene sus manos llenas de aventuras extraordinarias que a veces nos negamos a vivir porque nos consideramos demasiado poca cosa, demasiado ignorantes, demasiado vulnerables, y puede que lo seamos a veces pero, si somos eso, también somos grandes, sabios y fuertes. Nos toca decidir con qué cara de la moneda nos quedamos. Nuestra mente va a obedecer siempre nuestros deseos y nuestras instrucciones, así que, si decidimos ser la cara A o la cara B, eso es lo que va a ser…“Si crees que puedes, como si crees que no puedes, estás en lo cierto”, porque TODO depende de ti.
Lo importante es ser uno mismo, pensar en qué nos define, pensar en cómo somos y cómo queremos llegar a ser, qué cosas nos chirrían de nuestro carácter y queremos cambiar, cuáles son nuestros valores, cuáles son nuestras fortalezas, qué es lo que más amamos de la vida en general y de nuestra vida en particular y qué estamos haciendo con ello.
Aunque no lo recordamos, vinimos al planeta a vivir una serie de experiencias para nuestra mayor evolución, para trascender limitaciones de vidas anteriores, para superar miedos arcanos, usando todas las fortalezas y la sabiduría atesorada en océanos de tiempo, pero de nosotros depende lo que hagamos ahora, porque el libre albedrío siempre está operando a partir del momento en que despertamos y la conciencia empieza a ser participe real de nuestra vida. Ese es el momento de decidir lanzarse hacia delante o quedarse escondido entre limitaciones. La diferencia entre una opción y la otra nos llevará a poder mirar el sol con los ojos abiertos o a sostenernos apenas ante la llama de una cerilla.
Mira siempre tu parte más luminosa y trabaja en aumentarla, en expandirla, en disfrutarla. Eso, además de proporcionarte cada vez más altas cotas de felicidad, te servirá para ir ganándole terreno a tus propias sombras así, casi sin esfuerzo.
La autenticidad vibra alto en la luz porque llegar a ella implica haber comprendido e integrado asuntos tales como la aceptación, la confianza, la simplicidad, el amor propio, la sinceridad, y muchas otras cualidades que se entrelazan y tienen como consecuencia el hecho de aprender a pasar por la vida con la transparencia de un niño, y eso es un trabajo que, en el mejor de los casos, nos lleva toda una vida y, en otros, los más frecuentes, es el resultado de los aprendizajes que llevamos haciendo toda una eternidad.
Para vibrar alto hay que ser auténticos, hay que desechar las mentiras y el miedo, hay que dar un paso adelante con la mirada limpia y eso no se hace llevándonos al límite, sino con sutileza, comprensión y amor.
Céntrate en lo que tienes, en lo que amas, en tu alegría. Defiende la vida, cuida el planeta, baila, da lo mejor de ti en cada momento y, si tu mente intenta llevarte de nuevo al desaliento, ponle un límite, porque es tiempo de que seas tú quien decida en qué lugar de ti quieres vivir.
Mi agradecimiento a Cottombro y Nishant Aneja por las fotografías.
4 comentarios
Muy interesante y verdadero, Rosa. Totalmente de acuerdo contigo, es mi manera de vivir y llevar la vida. Enhorabuena.
Muchas gracias por tu comentario. Me alegra mucho saber que estás en tu camino, preciosa. 🙏😘
Gracias,Rosa me ha encantado muchas cosas buenas nos esperan cuando nos tiramos al vacío.Un fuerte abrazo 💜
Así es, María Jesús. Espero que estés muy bien. Un besazo.