Equinoccio

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Siempre me he sentido conectada a la energía de la Tierra y a los cambios a los que las estaciones nos conducen tan suavemente. La naturaleza es delicada en sus ritmos y nos enseña que la vida y el ensueño de la muerte se dan en un continuo latido, en una pulsión renovadora que nos sitúa en la casilla de salida con la primavera y nos lleva a replegarnos con la llegada del invierno. Es hermoso.

Mi entusiasmo por la vida me hace valorar cada una de las estaciones y darme cuenta de como se entrelazan, como forman un continuo vital inteligente y ordenado, pero si tengo que elegir una estación que me vincule a la calma y a la paz interior, esa es el otoño. El otoño es mi estación preferida porque me conecta con la tranquilidad más que ninguna otra, a pesar del frenesí que pueda suponer retomar la actividad de forma intensa después del letargo cálido del verano.

Reflexionando me doy cuenta de que, al igual que las estaciones, la vida es cíclica y mirando hacia atrás, podemos ver nuestras propias primaveras, veranos, otoños e inviernos.

Como muchas de nuestras obligaciones nos mantienen atentos a otras cosas, es muy posible que los equinoccios y los solsticios tengan poco peso en nuestra vida, puede que no les demos importancia y no seamos capaces de sentir su energía. Sin embargo, las estaciones cambian, la luz del día aumenta y disminuye y, a veces de manera extravagante y otras veces sutilmente, la naturaleza cambia su rostro.

Las cuatro estaciones a menudo se asocian con un tiempo de vida alegre y eterno y creo que es buena idea mirar estos ciclos cambiantes para crear significado dentro de nuestras propias vidas. Alguien que siempre me conecta con esta sensación es Antonio Vivaldi, que recreó maravillosamente en su música, lo que yo intento transmitir con mis palabras.

En cada temporada, prevalece un estado de ánimo que puede inspirar una reflexión conmovedora: El otoño marca los cambios de color de los bosques, que me resultan absolutamente emocionantes. Hay un acortamiento de la luz y un alargamiento de las sombras. El invierno crea un paisaje desnudo bañado por una luz pura y brillante. La primavera es una época de renacimiento y nuevas posibilidades. Mientras que el verano es una época de largos días durante los cuales la plenitud de esas posibilidades puede florecer plenamente. 

Al igual que las estaciones, la vida es cíclica.

Cada nueva temporada trae consigo alegrías con las que es agradable volver a familiarizarse. Aprovecha para renovar tu cuerpo. Toma alimentos de temporada y busca momentos nuevos de conexión con tu naturaleza y con la naturaleza. 

Pregúntate qué necesitas en este momento de cambio de estación para seguir siendo y dando lo mejor de ti en todo momento. Es posible que tengas ganas de  reacondicionar tu nido en otoño o de quedarte en casa durante el invierno. Abraza los sentimientos que cada nueva temporada despierta en ti. Sobre todo, saborea los cambios, sabiendo que cada estación que pasa, volverá. 

Mientras damos la bienvenida al otoño, respira el aroma de las últimas flores del verano. Usa las noches que se alargan para recrearte en el calor del encuentro con otros. Recuerda siempre que cada temporada puede conectarte más a los ciclos de la tierra mientras trae algo especial a tu vida.

Solo tienes que sentir.

Feliz equinoccio de Otoño.

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