INMUNIDAD EMOCIONAL

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Que estamos inmersos en un momento de tremenda incertidumbre en todos los aspectos es algo que ya sabemos. Las preguntas sobre cómo y cuándo vamos a salir de esta pueden agolparse en nuestra cabeza hasta provocarnos ansiedad, pero no voy a verter más palabras sobre lo que conocemos.

A título personal, y cada día más, prefiero colaborar en encontrar remedios que sean favorables para todos. No quiero formar parte del problema, soy mujer de soluciones y acción.

Lo que quiero decir es que, en este momento, es de vital importancia que ninguno de nosotros se deje llevar por el miedo, el dolor o cualquier otra emoción. Que es legítimo, natural y saludable transitar esos estados en base a lo que estamos viviendo, sí, pero no deberíamos quedarnos instalados en ellos. 

Resulta imprescindible tomar fuerzas cuanto antes para poder actuar desde lo mejor de nosotros. Lo vamos a necesitar para reconstruir y recuperar lo que se pueda de todo lo que, en un instante, hemos perdido. 

No es que nos olvidemos de los que dejamos atrás. En absoluto. Es rendirles un homenaje que esté a su altura, es dedicarles, de ahora en adelante y cada día, nuestra mejor actitud en nuestro trabajo, nuestra mejor sonrisa ante lo que venga, con la confianza de saber que la vida sigue adelante y los que se queden o nos quedemos aquí, cogeremos bien fuerte el testigo y el ejemplo que nos transmitieron quienes nos han dejado. En honor a ellos tenemos la responsabilidad de hacer un mundo mejor que el que teníamos antes de que empezara esta pesadilla.

No hay forma de saber cómo serán los próximos meses y mucho menos los próximos años, pero sí sé lo que nos va a servir para salir adelante: la solidaridad, el trabajo en común-unidad, el hacer con otros, el trabajar para el bienestar de todos. Intuyo que es una de las lecciones a aprender de estos dos meses y medio. 

Llevamos encerrados desde el día 13 de Marzo. Lo recuerdo muy bien porque ese es el día de mi cumpleaños y, esta vez, lo celebré sola. Me puse una vela encima de una magdalena, soplé y evité ponerme tierna. Asunto resuelto. Había otros motivos por lo que estar triste, ese era muy pequeñito.

Durante este tiempo nos hemos animado unos a otros, nos hemos querido a pesar de los muros de una distancia que el amor ha hecho permeables. Nos hemos visto obligados a separar nuestros cuerpos, pero no nuestros corazones. Hemos conectado con nuestra grandeza. Por favor, que no se nos olvide.

No hay forma de inmunizarnos ante el dolor del alma si no es con el tiempo y aceptando lo que sucede como un aprendizaje. Cada uno tendrá que descubrir cuál es el suyo. 

Me gusta pensar que esto servirá para aprender a confiar en nosotros mismos en lo más íntimo para poder irradiar esa confianza a los demás. Tenemos que apoyarnos entre todos, tenemos que dejar caer todo lo que hasta ahora nos separaba y olvidarlo. Fuera banderas. 

El tiempo que viene requiere de un cambio de conciencia en ese sentido y, aunque no está en mi ánimo mostrarme apocalíptica, creo que este virus o mil cosas más que pueden venir, estarán vapuleándonos hasta que no nos quede ni una gota de egoísmo en el cuerpo.

Benditamente, no existe vacuna para las emociones, no hay posibilidad de una inmunidad emocional, pero se hace indispensable elegir cómo queremos sentirnos y cómo vamos a vivir lo que tenemos por delante. ¿Desde el miedo? ¿Desde el amor? Toca decidir.

Nota: Quiero dedicar este artículo a la memoria de los que se han marchado, a las personas que, con su trabajo y esfuerzo, nos cuidan y a todos los profesores que aman su trabajo y asumen una responsabilidad tan, tan grande. De corazón, GRACIAS.

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